Autora: Dra. Anastasia Téllez Infantes
Profesora Titular de Antropología Social. Universidad Miguel Hernández de Elche.

Hablar de la Navidad es hablar de mantecados y polvorones de Estepa, pero no siempre vienen a nuestra mente las mujeres estepeñas que elaboran estos dulces tradicionales desde hace más de 150 años en esta localidad sevillana ubicada en pleno corazón de Andalucía.

Hace ya veinte años que defendí mi tesis doctoral en Antropología Social en la Universidad de Sevilla titulada PROCESOS PRODUCTIVOS Y REPRESENTACIONES IDEOLÓGICAS. TRABAJO, GÉNERO E IDENTIFICACIÓN LOCAL EN ESTEPA [1] , y ya entonces me propuse poner en valor el trabajo de estas mujeres estepeñas, llamadas popularmente “mantecaeras”, que suponen el 83% de la plantilla laboral de las 22 fábricas que hay hoy en día en la localidad.

En el 2000, ya afirmé que “la feminización de la actividad no se relaciona directamente con la construcción de la identificación local, sino que ésta se crea con la relación directa a la fabricación del mantecado, es más, con el producto resultante de tal proceso productivo, pero no con sus agentes, las mujeres mantecaeras”. Esto es debido esencialmente a la valoración que en esta localidad se hace del trabajo de las mantecaeras”. En aquellos años, comprobamos cómo por tratarse de un trabajo femenino se invisibilizaba e infravaloraba a nivel ideático frente al trabajo masculino, por influencia de las representaciones ideológicas de género y trabajo dominantes machistas y patriarcales; pero a su vez, a nivel local, el trabajar en los mantecados era considerado muy positivamente. Ser mantecaera te garantizaba el trato de ser buena estepeña.

En Estepa este proceso productivo, a lo largo de su historia, “ha llegado a convertirse en el motor económico de la localidad, rige el ciclo de vida de sus habitantes y es un referente de representación ideológica. Por lo tanto el mantecado constituye un elemento objetivo sobre el que se ha creado la identificación local de esta comunidad, es un referente básico de caracterización, su marcador más representativo y llega a tener tal valor que afecta a todos los habitantes del pueblo, constituyendo parte de su identidad y de su identificación colectiva” (Téllez, 2000: 92) [2] . El importante número de mujeres que trabajaban y trabajan en las fábricas de mantecados durante la campaña hace que un elevado porcentaje de grupos domésticos estepeños dependan económicamente, en gran medida, de los ingresos obtenidos por esta actividad temporal. Pero ¿se valora hoy en Estepa el trabajo femenino y está en igualdad de condiciones que el masculino?

A comienzos de este siglo XXI encontrábamos en Estepa diversos referentes de la industria del mantecado tales como la plaza dedicada a Micaela Ruiz Téllez “La Colchona”, fundadora del primer pequeño obrador artesano dedicado a comercializar mantecados en la segunda mitad del siglo XIX, o nombres de las calles alusivos a esta industria local tales como la calle Ajonjolí, Almendra, Azúcar, Delicias y Harinas. Entre sus avenidas teníamos la del Alfajor, la Avenida de la Canela y la Avenida del Mantecado.

El tiempo ha pasado, y dos décadas después la concienciación en positivo del trabajo femenino de la población local tiene su reflejo en los homenajes que se han celebrado y se siguen haciendo a “La Colchona”, a las mujeres mantecaeras, al trabajo femenino en esta localidad.

Efectivamente, a ello puede que haya contribuido el estudio que realicé y el posterior libro publicado por el Ayuntamiento en 2002 titulado LAS «MANTECAERAS» DE ESTEPA. UN TRABAJO ANTROPOLÓGICO SOBRE UNA INDUSTRIA LOCAL [3], así como las diversas iniciativas que desde las instituciones locales y la concejalía de la mujer del Ayuntamiento de Estepa se han desarrollado valorando el trabajo de las mujeres en esta industria local. Además, hay una intención manifiesta de ello también por parte del Consejo Regulador de las Indicaciones Geográficas Protegidas “Mantecados de Estepa” y “Polvorones de Estepa” [4] , y por la mesa sectorial.

Hay que destacar que los ingresos creados por esta actividad generan, por su cuantía, un flujo económico que repercute en el entramado económico del municipio y de la comarca de Estepa. Las rentas obtenidas por el trabajo en las fábricas de mantecados se constituyen en las más importantes de estos grupos domésticos. Si bien, hay que reconocer que esta tendencia ha cambiado sutilmente en los últimos diez años, quizás afectada por la crisis desde 2009, la mujer estepeña ha cambiado sus hábitos en esta década, y hoy son muchas las que apuestan por otra actividad laboral alternativa al mantecado como medio principal de sustento económico. Téngase en cuenta, aquellas que tienen estudios universitarios, abren su propio negocio, las que optan por la formación no reglada, o las que se incorporan a las nuevas profesiones, en gran medida ligadas a los servicios sociales, personas dependientes y/o ayuda a domicilio. El perfil de las nuevas y jóvenes mantecaeras, ha ido cambiando y son ellas las que hoy en día reivindican un trato de igualdad laboral con sus compañeros hombres en las fábricas estepeñas.

Y es que la fabricación de mantecados ha significado y significa en la actualidad un elemento de “riqueza” y de “empleo” en la localidad. Por un lado, porque esta producción ha actuado como motor de diversificación económica en un área, la comarca de Estepa, donde la mayor parte de su población se dedicaba al sector agrícola, y donde la oferta de empleo del mercado de trabajo encontraba y encuentra un problema grave: el desempleo que llega a convertirse en algo estructural. En los meses de septiembre a diciembre, gracias a la industria del mantecado y a la campaña de recogida de aceitunas, el paro desciende en esta localidad al 7% (este año ha llegado al 6,7%), tanto el masculino como el femenino, evidenciando cómo esta producción de dulces navideños singulariza a Estepa y sigue siendo un motor económico “feminizado” y de empleo “femenino” para esta comarca sevillana.

 

Tengamos presente que Estepa es un municipio de 12.503 habitantes (6.238 hombres y 6.265 mujeres (2018) [5], y en él se produce el 95% del total de mantecados y polvorones que se consumen cada Navidad en España. A su vez, entre el 10% y el 15% de la producción se exporta a países tales como Francia, Alemania, Argentina, Brasil, Suiza y Estados Unidos.

El Consejo Regulador, es el organismo encargado de controlar la garantía y fomentar la calidad de los mantecados, y de las 22 empresas de mantecados que hay hoy en día 19 pertenecen a él. Desde 2011 se ha obtenido la Indicación Geográfica Protegida (IGP) “Mantecados de Estepa” y en 2016 la de “Polvorones de Estepa”, quedando así ambas incluidas en el Registro de Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas de la UE.

 

Este año, a comienzos de la campaña en septiembre de 2019, esta localidad vuelve a presentar una envidiable realidad con datos mínimos de paro, que la sitúan en lo que podríamos considerar “pleno empleo”. Si en septiembre de 2018 había 710 personas desempleadas en Estepa para ese mismo mes en 2019 ese número se ha reducido a 577 registradas. Y este año, por primera vez en muchas campañas, el mejor dato del empleo se ha dado en septiembre, cuando venía siendo el mes de octubre el que marcaba el pico de empleabilidad, esto puede tener su razón en un adelanto de la campaña, algo que se viene produciendo desde que, en 2009, una fábrica comenzó a romper la periodicidad de la producción, en buena medida, obligada por la fuerte demanda de una de las principales compañías de supermercados en España. Este adelanto de la campaña obliga a una inversión en infraestructuras en las fábricas y a que se comience el trabajo antes.

El sector del mantecado da empleo en su campaña productiva de cuatro meses (desde finales de agosto a diciembre) a unas 4.000 personas, creando de media cada temporada unos 2.000 empleos directos y más de 2.000 indirectos (en industrias auxiliares tales como talleres de maquinaria, artes gráficas, fábrica de plásticos y de cartón, transportes…). De estos empleos directos en plantilla de las fábricas de mantecados y polvorones, de media el 83%, son mujeres, por lo que la industria del mantecado en Estepa sigue siendo una producción esencialmente femenina.

Según los datos ofrecidos por el Consejo Regulador este año la campaña de elaboración de polvorones y mantecados de Estepa alcanzará un récord de producción, pues se espera aumentar entre un 3% y un 5% la fabricación de estos dulces navideños, como viene ocurriendo en las últimas campañas anteriores tras unos años de crisis que se reflejaron en cierta medida en el sector, pues en la campaña de 2017 se incrementó un 5% la producción y en la de 2018 un 3%. Para esta temporada de 2019, las estimaciones son conseguir una producción de 22.000 toneladas que hacen prever con optimismo el futuro de esta industria local. Una industria que volverá a facturar 70 millones de euros, mientras en España demandemos mantecados y polvorones por Navidad.

Además, para combatir uno de los puntos débiles de esta industria, la estacionalidad productiva de dulces de Navidad, las empresas buscan continuamente la innovación de productos desde hace décadas, por un lado, para diversificar la oferta y mantener las fábricas en activo con otros dulces a lo largo del año. Y a su vez, cada campaña navideña el empresariado del sector procura innovar y ofrecer junto a los tradicionales mantecados, polvorones, roscos de vino y alfajores, nuevas especialidades, sabores, presentaciones, productos sin gluten, sin azúcar, sin lactosa, sin grasa. Como declaraba en septiembre de 2019 el propio Consejo Regulador en esta campaña se incide en ofrecer productos con menor grasa y azúcar, siguiendo las recomendaciones de Sanidad y de dietas más saludables.

Pero no queremos dejar de destacar la pluriactividad laboral de las mujeres rurales y el importante papel que han jugado y juegan en el desarrollo endógeno de sus territorios. Mujeres, que han cargado sobre sus espaldas el trabajo doméstico y el extradoméstico, en el campo, en la casa, en la fábrica…Y ese es el caso de las mujeres estepeñas, sobre todo las más mayores y en épocas pasadas. Porque, efectivamente, estas mujeres saben de fabricar mantecados en la campaña de Navidad, de recoger la aceituna del verdeo o la negrilla en otoño e invierno, saben de dulces de Semana Santa hechos en casa que se llevaban al horno para cocerlos (ochíos, roscos trenzados, cocochas, madalenas…), saben de llevar sus casas, de cuidar de los demás, y no siempre con condiciones laborales como las actuales. Durante décadas se ha infravalorado el trabajo femenino en nuestro país, y aún hoy existen discriminaciones laborales que se sustentan en la mentalidad androcéntrica y machista de nuestra cultura.

Hemos de reconocer que las condiciones laborales de las mujeres mantecaeras ha ido mejorando considerablemente a lo largo de las últimas décadas, y hemos de poner en valor las medidas en políticas de igualdad de género y trabajo que se recogen en el actual Convenio Colectivo para las empresas de fabricación y venta de mantecados, polvorones, roscos y alfajores y demás productos que se elaboran en Estepa (2016-2020).

Por ejemplo, ya no existe la modalidad del trabajo a destajo por la cual se cobraba según lo trabajado esa jornada (en el liado sobre todo). Atrás quedaron las jornadas interminables de 10 o 12 horas seguidas de trabajo, sobre todo en las semanas de mayor demanda de productos, pues ahora se encuentran reguladas, así como las horas extras (muchas de las cuales no se declaraban). Y hoy en día los trabajadores y trabajadoras de las fábricas estepeñas han de fichar al entrar y salir de su lugar de trabajo.

Es justo agradecer el trabajo de las mujeres mayores en las fábricas de mantecados de Estepa, pues en gran medida fue gracias a su sacrificio, a su capacidad de trabajo, a su esfuerzo, a su entusiasmo, a su empeño, a sus muchas horas quitadas al sueño, a su hacer malabares para compaginar llevar la casa y el trabajo en los “mantecaos”, como hemos llegado hasta el presente. Ha sido y es gracias a las mujeres estepeñas como esta localidad mantiene una actividad productiva que permite generar empleo en una región donde el paro condena a miles de familias al desempleo estructural y la crisis se ha dejado notar severamente. Estepa pues es, desde hace décadas, una isla industrial en una comarca agrícola olivarera, de trabajo en femenino, que va reconociendo el trabajo de sus hombres y de sus mujeres.

Estas mujeres mantecaeras mayores, las que están y las que ya se han ido, las abuelas, bisabuelas, tatarabuelas de las niñas de hoy, con sus malas condiciones de trabajo en décadas del siglo XX, muchas de ellas sin contrato, sin cotizar a la seguridad social, sin jubilación, sin una adecuada valoración de su trabajo…han permitido que esta industria se mantenga y que sus familias pudiesen vivir con unos ingresos complementarios a los obtenidos del trabajo en el campo.

Gracias, desde aquí, a tantas y tantas mujeres estepeñas mantecaeras, que, con sus dolores en el cuello, en las manos, en las muñecas…trabajaron durante casi 150 años haciendo mantecados, y que cuando cobraban la campaña, arreglaban sus casas, encalaban las fachadas antes de la Semana Santa, “juntaban” para el ajuar de una hija, etc. El trabajo de estas mujeres ha formado parte y lo sigue formando hoy en día de las estrategias domésticas de los hogares estepeños.

Porque sigue ocurriendo, que cada mes de septiembre el desempleo vuelve a bajar drásticamente en el municipio estepeño gracias a la elaboración de mantecados, polvorones, roscos de vino y especialidades. Y de nuevo, como cada año desde hace siglo y medio, la vida de la localidad se altera. Las mujeres de la familia van a trabajar a las fábricas de mantecados, los abuelos y sobre todo las abuelas asumen el rol de madres-abuelas de sus nietos y nietas mientras sus hijas o nueras están trabajando. Los abuelos llevan y recogen a los “chicuelos” del colegio, mientras las abuelas van a la compra, hacen la comida, dan de comer a los más pequeños, friegan los platos, les llevan a las actividades extraescolares, les duchan y, en muchas ocasiones, les ponen el pijama…Abuelas, que en su día también fueron mantecaeras. Son estas ellas las verdaderas artífices del desarrollo rural de la localidad. Ellas y su trabajo doméstico y extradoméstico, su flexibilidad horaria, su disponibilidad, su temporalidad de campaña, se destreza manual (adquirida por todo un proceso de socialización femenina impuestas por las representaciones ideológicas de género y trabajo en nuestra sociedad).

Al respecto quiero aclarar que, efectivamente, si observamos a estas mujeres, podemos constatar su enorme destreza manual, su agilidad a la hora de envolver los mantecados con el papel de seda y hacerles los “moñitos”, su rapidez y delicadeza cuando manipulan los dulces o los envasan, cuando glasean los roscos de vinos, cuando espolvorean el azúcar glasé sobre los polvorones o esparcen el sésamo sobre los mantecados…ahora y antes…pero estas destrezas consideradas femeninas son en su mayor parte fruto de la socialización y el adiestramiento de las mujeres en relación al trabajo. No son “naturales” sino “adquiridas”, y digo esto porque lejos de infravalorar estas cualidades “supuestamente innatas” de las mujeres lo que pretendo, y así demostré en mi investigación, es que son cualidades aprendidas a base de mucha dedicación y práctica. Y esto hemos de tenerlo presente porque durante muchas décadas estos trabajos artesanos y manuales realizados por mujeres no se consideraban como puesto de trabajo cualificados…por entenderse que eran “destrezas manuales femeninas”, por lo que se les contrataba en las escalas más inferiores y peor remuneradas.

Nadie pone en duda que las corrientes feministas y de valorización del trabajo femenino en general, unido a las políticas sociales impulsadas en la última década, también han calado en Estepa y en el sector del mantecado. Hoy una chica de veinte años, sabe cuáles son sus derechos salariales y laborales. Son conocedoras de lo que supone un convenio laboral y en muchos casos, la mano de obra femenina proviene de una población de mujeres que son estudiantes, que, o bien están realizando sus estudios y necesitan el dinero para hacer frente a cada curso universitario en las ciudades, o bien son mujeres que han finalizado sus estudios y aún no han encontrado un empleo para el que se han formado. En ambos casos, su formación no solo las prepara para una especialidad, sino que, además, les da el conocimiento básico para saber cuáles son sus derechos como trabajadora. Ahora, y cada vez más, podemos encontrar dentro de las fábricas de mantecados ocupando puestos de responsables de calidad, compras, administración, recursos humanos…

Pero estas mujeres estepeñas, como el resto de la población femenina de la comarca de Estepa y de la Sierra Sur, también saben que han de encontrar otras salidas laborales, otros nichos de mercado que les permita trabajar durante todo el año en actividades diversificadas, si quieren vivir y disfrutar de su localidad, Estepa, quizás… “una de las ciudades que mejor huele y más bonita de España”.

Anastasia Téllez

[1] Téllez Infantes, Anastasia (1999) PROCESOS PRODUCTIVOS Y REPRESENTACIONES IDEOLÓGICAS: TRABAJO, GÉNERO E IDENTIFICACIÓN LOCAL EN ESTEPA. Tesis doctoral defendida el 22 de marzo de 1999 en la Universidad de Sevilla. Calificación Sobresaliente Cum Laude por Unanimidad. Premio Extraordinario de Doctorado 1999-2000. Directora de la tesis: Dra. Encarnación Aguilar Criado.

[2] Téllez Infantes, Anastasia (2000) “Una industria alimentaria generadora de identificación local: el caso de Estepa y la fabricación de mantecados” Rev. Zainak. Cuadernos de Antropología-Etnografía. “Nutrición, alimentación y salud: confluencias antropológicas”, nº 20, pp. 91-106. Edita: Eusko Ikaskuntza- Sociedad de Estudios Vascos. San Sebastián. ISSN: 1137-439X http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/zainak/20/20091106.pdf

[3] Téllez Infantes, Anastasia (2002) LAS “MANTECAERAS” DE ESTEPA. UN TRABAJO ANTROPOLÓGICO SOBRE UNA INDUSTRIA LOCAL. Estepa: Ayuntamiento de Estepa y Diputación Provincial de Sevilla. Leader II. (U.E.)  392 páginas. ISBN: 84-932236-3-8

[4] http://mantecadosypolvoronesdeestepa.com/

[5] https://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/sima/ficha.htm?mun=41041

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